Jóvenes que sufren de auto-mutilación se ven obligadas a ingresar en centros para internos que han cometido graves delitos y que cuentan con complejos diagnósticos. Cuando los recursos en las clínicas en las diferentes autonomías en Suecia se han agotado, un número creciente de chicas es remitido a dichas clínicas, por falta de otros remedios.
Clínicas de este tipo son adaptadas para pacientes con diagnósticos psíquicos quienes, a causa de su estado, han cometido graves delitos como violaciones, malos tratos u otros crímenes. Los pacientes han recibido una sentencia que concluye que sufren de dicho diagnóstico y que éste es la razón de sus acciones criminales. Pero últimamente una cantidad creciente de personas de otro grupo de pacientes ha sido ingresado en las clínicas. Se trata de jóvenes con graves problemas con la auto-mutilación.
Los pacientes que tienen este tipo de problemas son principalmente chicas. Las que se ven obligadas a ingresar tienen una cosa en común con los restantes pacientes: han sido legalmente obligadas a aceptar asistencia psiquiátrica, por constituir un peligro para sí mismas u otra parte. No obstante, esta suele ser la única cosa que los dos grupos tienen en común. En esta ley, a diferencia a la primera, no están incluidas actividades criminales. Adicionalmente, este grupo de pacientes rara vez constituye un peligro para otras personas que sí mismas. Asistencia en este tipo de clínicas ha llegado a ser un último recurso, en casos en los que las medidas en las clínicas en las autonomías se frustran. Las que son ingresadas en las clínicas mencionadas arriba son las más enfermas de todo el grupo de pacientes con automutilación: las jóvenes que han hecho tanto daño a sí mismas que las clínicas en las autonomías las han marcado como casos perdidos.
En otras palabras, no es necesario haber cometido un crímen para ser hospitalizado. Adicionalmente, también han habido casos en los que los pacientes todavía no son mayores de edad, lo cual va en contra de La Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU, que Suecia ha firmado.
También debería considerarse si es conviniente cuidar a pacientes con diferentes problemáticas que las que las clínicas son adaptadas para cuidar. En vez de elaborar unidades propias para los pacientes con graves problemas con automutilación, se conforma con internarlos con pacientes condenados por delitos graves.
Hay una diferencia enorme entre los tratamientos que los respective grupos necesitan para mejorar. En las clínicas en cuestión se centra en disciplina y sistema de recompensa y castigos según el comportamiento del paciente, pero – muchas veces – con falta de cuidado y confianza. Pacientes también testimonian haber sido castigados por haberse hecho daño, por ejemplo mediante encierramento en celdas de castigo. Cuentan que han sido forzado a llevar un tipo de guantes grandes para no poder utilizar las manos y hacerse daño, y que los han tenido que llevar durante periodos largos.
Muchos pacientes con automutilación ha sufrido algún tipo de delitos contra la libertad sexual en su vida. En las clínicas tienen que compartir su vida diaria con varios hombres contenados justo por ese tipo de delitos, lo cual también nos dice por qué es tan importante separar uno grupo del otro.
Para la gente en la calle, el ser condenado a cuidado en este tipo de clínica es sinónimo con haber cometido algún tipo de delito grave. Para personas inocentes, que además sufren por mala autoestima, esa marca es difícil de borrar, también de su propia mente.
Este tipo de almacenamiento no es una solución sostenible, ni para los pacientes, ni para sus familias, ni para la sociedad. En pocas palabras: la sociedad sueca debe actuar como le corresponde a un país moderno y desarrollado, y encargarse de ofrecerle a este grupo de pacientes la asistencia adaptada que merece.
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