Bienvenidos a Deskicia2-saludmental

Voy a comenzar este blog citando a tres grandes pensadores de la humanidad que dan sentido a las reflexiones que vamos a realizar María y yo en este cajón desastre llamado "Deskicia2". La primera cita es de Eduardo Punset. Acaba de publicar el libro "El viaje al poder de la mente" y en las primeras páginas he descubierto una sentencia que me ha dejado pensativa, dice Punset que la felicidad es la ausencia de miedo. Eso me lleva a otra reflexión de su primer libro de esta trilogía "El viaje a la felicidad" en el que decía que estamos en este mundo para ser felices no para dar sentido a nuestra existencia. Estos dos pensamientos pueden parecer un obviedad pero en nuestra vida diaria los llamados pensamientos parásitos, del tipo - que hago yo en este mundo, hay vida detrás de la muerte, etc., pueden alejarnos a pasos agigantados de la felicidad y sumirnos en el peor de los miedos que es la depresión. El segundo pensador es mi abuelo, muerto hace casi treinta años que solía repetir esta frase una y otra vez: No hay tonto bueno. Frase que vi refeljada hace poco en las declaraciones de una premio nobel entrevistada en la radio en la que afirmaba que la máxima expresión de la inteligencia era la bondad. Pues bien, me propongo recordar a los grandes psicópatas de la humanidad y ver si existe relación con su nivel de formación, los valores recibidos durante la infancia y cosas por el estilo. La tercera reflexión es de Alsina, el otro día en la radio se despedía en su programa diciendo - Sean felices, pero no se obsesionen. Vamos a ello.

lunes, 19 de abril de 2010

El acoso escolar - columna analítica


Esta chica se llamaba Phoebe Prince. Cuando tenía 15 años se mudó a los Estados Unidos desde Irlanda con su madre y sus hermanas, y empezó a estudiar en un nuevo instituto, de una zona rural. En poco tiempo, Phoebe se convirtió en el saco de los golpes para la panda popular “Las Chicas Malas”. Durante tres meses la sometieron a continuo acoso y terror psíquico, hasta que la chica decidió quitarse la vida.

Su madre se había puesto en contacto con empleados en el instituto, suplicando que hicieran algo para cambiar la miserable vida escolar de su hija. Aun así, los profesores parecían no ser conscientes de lo que sucedía en los pasillos – y hasta en sus propias clases. Incluso después de la muerte de la chica, el director del instituto se negó a reconocer el motivo de su suicidio.

Según los reportajes en los medios de comunicación, sin embargo, el acoso que sufría Phoebe Prince no era ni desconocido ni discreto. Aún es más, se trataba de ataques sistemáticos y verbales, conocidos por todo el mundo del colegio –menos por los profesores, obviamente.

El acoso escolar es un problema que existe en todas las partes del mundo. En España el 3 % de los niños españoles sufren diferentes tipos de violencia con regularidad[1]. También en España hemos visto casos donde el acoso ha llevado al suicidio, como en las historias trágicas de los jóvenes Cristina Cuesta y Jokin Ceberio.

Después del suicidio de Phoebe, los jóvenes que la acosaban comparecieron en un juicio donde se concluyó que el acoso era repetitivo y había durado mucho tiempo, pero aún no han llegado a pronunciar una sentencia. En España, los acosadores de Jokin Ceberio fueron los primeros que fueron condenados por acoso escolar.

Después del “caso Jokin”, sucedido en el País Vasco, el gobierno autonómico ha planteado planes de convivencia en los colegios, y se han tomado medidas para que los adultos en las escuelas estén más atentos, mostrando “Tolerancia cero” contra el acoso escolar. Todo para impedir futuros casos como el de Phoebe, Cristina o Jokin, y para que más adultos se atrevan a abrir los ojos a la realidad del patio de escuela.

[1] http://www.guiainfantil.com/educacion/escuela/acosoescolar/index.htm

domingo, 18 de abril de 2010

COLUMNA PERSONAL


EL SUICIO DE PHOEBE
La tragedia se ha desatado en un instituto de South Hadley, un pequeño pueblo de Massachysetts, Estados Unidos. Una estudiante se ha suicidado tras haber sido acosada por una organización mafiosa de alumnas que se autodenominan Bad Girls (Chicas malas, en inglés). Los celos parecen haber sido el detonante para la campaña de insultos y amenazas que ha terminado con la vida de Phoebe Prince, la chica nueva del instituo, quien se ha ahorcado en su casa con un pañuelo, regalo de cumpleaños de su hermana menor.
Estamos hartos de ver en la televisión y en el cine ficciones sobre esa extraña etapa de la vida llamada adolescencia, todas ellas enmarcadas en institutos o colegios donde existe una especie de microcosmos en el que se ensaya la vida de adultos de los que, por ahora, no son más que jóvenes atiborrados de hormonas, asustados, desorientados y necesitados, ante todo, de aceptación social.
La razón para este acoso, si es que existe alguna moralmente admisible, era que Phoebe era nueva en el instituto, irlandesa, guapa, y que había estado saliendo con el ex novio de una de las integrantes del grupo Bad Girls. El acoso suele cebarse con los más débiles y los diferentes, los que no encajan con un modelo que el adolescente medio entiende como exitoso. Son blanco de burlas los homosexuales, los que presentan defectos físicos visibles, los alumnos de otras razas, etnias minoritarias y los nuevos. Me pregunto cuántos escritores de éxito, científicos o artistas conocidos eran además estudiantes de reconocido éxito social en su juventud. Me figuro que no muchos.
Este suceso ha ocurrido a miles de kilómetros de España, pero en nuestro país se calcula que alrededor del 3 por ciento de los alumnos sufren el acoso escolar, según una encuesta del Instituto de la Juventud (INJUVE). El problema es que si el ‘bullying’ termina en un delito, en la mayoría de las ocasiones no se puede emprender ninguna acción legal contra los autores del mismo, al ser estos menores de edad. Por otro lado, cuando acciones tan execrables las ejecutan personas tan jóvenes, puede desatarse una seria alarma social.
A estas alturas de la película, lejos de banalizar estas guerras de amor, poder y odio que se desencadenan en nuestros institutos, deberíamos reflexionar sobre los límites que los adultos estamos fijando a nuestros adolescentes. La adolescencia, si por algo se caracteriza, es por la búsqueda de la identidad y los modelos que ofrecemos no pueden limitarse a deportistas de éxito, supermodelos anoréxicas y estrellas de la televisión. Debe haber algo más que motive a nuestros jóvenes a afrontar el cambio de la infancia a la adultez para que esté marcado por pautas de conducta como la solidaridad, la inteligencia y el esfuerzo. Y no se puede señalar la diferencia como algo a derrocar, sino todo lo contrario. Es enriquecedor estar rodeado de diversidad, pues cambiar de opinión es el motor del conocimiento.
Estos comportamientos se han dado siempre en colegios e institutos, pero ahora adoptan matices muy preocupantes, tales como grabar vejaciones y colgarlas en Internet, o incluso como en el caso de Phoboe, celebrar a través de las redes sociales estos delitos. La sociedad tiene que unirse contra estos pequeños delincuentes y enfrentarse a ellos. Si algo debe excluirse es el mal y su raíz.

domingo, 11 de abril de 2010

Los jóvenes y el alcohol

Muchos jóvenes viven con problemas relacionados con el alcohol, a pesar de su escaza edad. Las razones de la consumción aumentada son varias y individuales, pero algunas comunes son el deseo de vivir momentos de alegria y sin preocupaciones, formar parte del grupo de amigos, la presión social en ciertas situaciones, el deseo de superar la vergüenza y el querer imitar la vida en el mundo adulto.

Sin embargo, estas razones parecen formar parte de una vida y concepción del mundo que, principalmente, pertenece a la vida del adolescente y el instituto. Aun así, se ha comprobado que la consumción de alcohol supone un problema aumentando también en el mundo universitario. De hecho, el alcohol forma una natural - y a veces destructiva - en la vida del estudiante. En el peor de los casos, ha sido el comienzo de un abuso de toda la vida.

Mi experiencia, como estudiante tanto en mi país de origen y en España como Erasmus, es que, aunque ya hemos cumplido los veinte y deberíamos haber descartado ciertos costumbres destructivos, el alcohol en muchos casos sigue siendo una piedra angular en los tratos sociales - hasta se puede convertir a la llave para entrar en una panda y tener algo que hacer un viernes por la noche.

En total, mucho sigue igual como en el instituto. Asimismo podemos concluir que la tendencia cambia cuando nos toca comenzar a trabajar, fuera del mundo escolar. Cuando empieza la responsabilidad verdaderera, y nos toca asumirla.

EDUCAR EN LA IGUALDAD


Esta semana "El Pais Semanal" publica un artículo es su sección sobre sicología que titula "Educar sin prejuicios". Recomiendo su lectura sobre todo si se tienen hijos o se está pensando en tenerlos, porque explica de forma muy sencilla las secuelas que el comportamiento paterno puede tener en el hijo una vez se convierte este en adulto.
El psicoterapeuta Carl Gustav Yung decía que si se observan comportamientos en el niño que no nos gustan lo primero que debe hacer el padre o la madre es reflexionar sobre si esa actitud no ha sido copiada de el o ella misma y si así es corregirla. En base a este razonamiento el artículo explica lo complicado que resulta pretender criar niños tolerantes, no machistas, no agresivos, si los mensajes no verbales que recibe como hijo son todo lo contrario. Si el niño tiene una madre sumisa que limpia y se dedica a la crianza de los hijos mientras el padre mantiene únicamente una figura de protección, probablemente imitará estos comportamientos en la etapa adulta a no ser que sepa reconocerlos y corregirlos.
Algunas de mis amigas que ya son madres, da la casualidad de que no han realizado estudios superiores, me planteaban su preocupación porque sus hijos estudiasen y tuviesen mejores oportunidades que ellas en el futuro. Y es curioso como culpabilizaban a sus padres de no haber sido un buen ejemplo para ellas. De no haber visto jamás un libro en su casa o no haber recibido nunca como regalo de cumpleaños una buena novela. No sé si el conocer la importante implicación que los referentes adultos tienen sobre los niños ayudará a cambiar de forma radical nuestra sociedad. Me gustaría creer que si pero lo dudo. Aun así lo primero que hice tras escuchar las quejas de mis amigas madres, fue comprarle el libro de Peter Pan a una de ellas, por si acaso.

Hace poco escuchaba en el programa de Onda Cero “Julia en la Onda”, una entrevista a una escritora que había publicado un libro sobre la crianza de los niños. Era sicóloga si no recuerdo mal y hablaba de la maternidad como si fuese una especie de acto sagrado entre madre e hijo en el que el padre quedaba absolutamente excluido y sólo se acudía a el como protector de la díada y proveedor de alimentos. En fin, creo que posturas como estas deberían estar más que cuestionadas. Sin embargo la periodista Julia Otero no hizo ninguna oposición a los argumentos de la escritora. Creo que se malentiende el feminismo en algunas ocasiones. Las mujeres necesitamos de los hombres sobre todo en tareas como la educación de los hijos aunque estos sean muy pequeños. Y no pasa nada por reconocerlo. Tienen un papel fundamental y además sus diferencias nos enriquecen.

jueves, 1 de abril de 2010

Insalud mental y las nuevas posibilidades de elegir

En los restaurantes de comida rápida se han aumentado las posibilidades de componer un menu totalmente diseñado para ti, special menue for you my friend. Sin embargo, la amplia gama de posibilidades tiene su lado oscuro: tenemos que elegir si queremos patatas fritas o ensalada, refresco o zumo de naranja, un juguete para un niño o una niña...Las decisiones estresan, y las conversaciones en la cola del McDonald's del barrio se asemejan cada día más a Quién quiere se millonario, pero sin la música estresante en el fondo.

Pero no es qué este es una tendencia que resume la sociedad moderna en general? Las posibilidades de las que gozamos los jovenes nacidos en los 80 y 90 eran mera fantasia para nuestros abuelos. Tenemos todo un menu infinito, como en el restaurante de comida rápida, con diferentes alternativas de qué hacer con el famoso Futuro. Desgraciadamente, también tenemos el mismo momento de estrés que en la hamburguesería.

Según un artículo en el periódico Svenska dagbladet, las diversas posibilidades de elegir en la vida es el malo de la película de la insalud mental entre jóvenes - un problema que ha aumentado drasticamente las últimas décadas. Al parecer, al hombre le cuesta mantenerse a la par que sus progresos técnicos y el nuevo aumentado bienestar del mundo occidental.

Una razón puede ser que la exigencia ha aumentado a medida que lo ha hecho las posibilidades. Hoy en día se aclama más el individualismo y la capacidad de elegir tu propio camino. Esto puede crear estrés, inseguridad y un sentimiento de "no ser lo suficiente bueno", también conocido como "Miss / Mr Perfect Syndrome". Mientras la generación de los abuelos sabían que le tocaba ser agricultor o ama de casa, nuestra generación sabe que también sería (sería) posible hacerse fotomodelo, jugador en el Real Madrid o astronauta. Trata de tomar las decisiones adecuadas, en el tiempo adecuado, en el sitio adecuado. Las posibilidades casi no tiene límites. Eso fascina - y asusta.

Y puede que sea una de las numerosas causas de la insalud mental.