Jóvenes que sufren de auto-mutilación se ven obligadas a ingresar en centros para internos que han cometido graves delitos y que cuentan con complejos diagnósticos. Cuando los recursos en las clínicas en las diferentes autonomías en Suecia se han agotado, un número creciente de chicas es remitido a dichas clínicas, por falta de otros remedios.
Clínicas de este tipo son adaptadas para pacientes con diagnósticos psíquicos quienes, a causa de su estado, han cometido graves delitos como violaciones, malos tratos u otros crímenes. Los pacientes han recibido una sentencia que concluye que sufren de dicho diagnóstico y que éste es la razón de sus acciones criminales. Pero últimamente una cantidad creciente de personas de otro grupo de pacientes ha sido ingresado en las clínicas. Se trata de jóvenes con graves problemas con la auto-mutilación.
Los pacientes que tienen este tipo de problemas son principalmente chicas. Las que se ven obligadas a ingresar tienen una cosa en común con los restantes pacientes: han sido legalmente obligadas a aceptar asistencia psiquiátrica, por constituir un peligro para sí mismas u otra parte. No obstante, esta suele ser la única cosa que los dos grupos tienen en común. En esta ley, a diferencia a la primera, no están incluidas actividades criminales. Adicionalmente, este grupo de pacientes rara vez constituye un peligro para otras personas que sí mismas. Asistencia en este tipo de clínicas ha llegado a ser un último recurso, en casos en los que las medidas en las clínicas en las autonomías se frustran. Las que son ingresadas en las clínicas mencionadas arriba son las más enfermas de todo el grupo de pacientes con automutilación: las jóvenes que han hecho tanto daño a sí mismas que las clínicas en las autonomías las han marcado como casos perdidos.
En otras palabras, no es necesario haber cometido un crímen para ser hospitalizado. Adicionalmente, también han habido casos en los que los pacientes todavía no son mayores de edad, lo cual va en contra de La Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU, que Suecia ha firmado.
También debería considerarse si es conviniente cuidar a pacientes con diferentes problemáticas que las que las clínicas son adaptadas para cuidar. En vez de elaborar unidades propias para los pacientes con graves problemas con automutilación, se conforma con internarlos con pacientes condenados por delitos graves.
Hay una diferencia enorme entre los tratamientos que los respective grupos necesitan para mejorar. En las clínicas en cuestión se centra en disciplina y sistema de recompensa y castigos según el comportamiento del paciente, pero – muchas veces – con falta de cuidado y confianza. Pacientes también testimonian haber sido castigados por haberse hecho daño, por ejemplo mediante encierramento en celdas de castigo. Cuentan que han sido forzado a llevar un tipo de guantes grandes para no poder utilizar las manos y hacerse daño, y que los han tenido que llevar durante periodos largos.
Muchos pacientes con automutilación ha sufrido algún tipo de delitos contra la libertad sexual en su vida. En las clínicas tienen que compartir su vida diaria con varios hombres contenados justo por ese tipo de delitos, lo cual también nos dice por qué es tan importante separar uno grupo del otro.
Para la gente en la calle, el ser condenado a cuidado en este tipo de clínica es sinónimo con haber cometido algún tipo de delito grave. Para personas inocentes, que además sufren por mala autoestima, esa marca es difícil de borrar, también de su propia mente.
Este tipo de almacenamiento no es una solución sostenible, ni para los pacientes, ni para sus familias, ni para la sociedad. En pocas palabras: la sociedad sueca debe actuar como le corresponde a un país moderno y desarrollado, y encargarse de ofrecerle a este grupo de pacientes la asistencia adaptada que merece.
domingo, 9 de mayo de 2010
lunes, 19 de abril de 2010
El acoso escolar - columna analítica

Esta chica se llamaba Phoebe Prince. Cuando tenía 15 años se mudó a los Estados Unidos desde Irlanda con su madre y sus hermanas, y empezó a estudiar en un nuevo instituto, de una zona rural. En poco tiempo, Phoebe se convirtió en el saco de los golpes para la panda popular “Las Chicas Malas”. Durante tres meses la sometieron a continuo acoso y terror psíquico, hasta que la chica decidió quitarse la vida.
Su madre se había puesto en contacto con empleados en el instituto, suplicando que hicieran algo para cambiar la miserable vida escolar de su hija. Aun así, los profesores parecían no ser conscientes de lo que sucedía en los pasillos – y hasta en sus propias clases. Incluso después de la muerte de la chica, el director del instituto se negó a reconocer el motivo de su suicidio.
Según los reportajes en los medios de comunicación, sin embargo, el acoso que sufría Phoebe Prince no era ni desconocido ni discreto. Aún es más, se trataba de ataques sistemáticos y verbales, conocidos por todo el mundo del colegio –menos por los profesores, obviamente.
El acoso escolar es un problema que existe en todas las partes del mundo. En España el 3 % de los niños españoles sufren diferentes tipos de violencia con regularidad[1]. También en España hemos visto casos donde el acoso ha llevado al suicidio, como en las historias trágicas de los jóvenes Cristina Cuesta y Jokin Ceberio.
Después del suicidio de Phoebe, los jóvenes que la acosaban comparecieron en un juicio donde se concluyó que el acoso era repetitivo y había durado mucho tiempo, pero aún no han llegado a pronunciar una sentencia. En España, los acosadores de Jokin Ceberio fueron los primeros que fueron condenados por acoso escolar.
Después del “caso Jokin”, sucedido en el País Vasco, el gobierno autonómico ha planteado planes de convivencia en los colegios, y se han tomado medidas para que los adultos en las escuelas estén más atentos, mostrando “Tolerancia cero” contra el acoso escolar. Todo para impedir futuros casos como el de Phoebe, Cristina o Jokin, y para que más adultos se atrevan a abrir los ojos a la realidad del patio de escuela.
[1] http://www.guiainfantil.com/educacion/escuela/acosoescolar/index.htm
domingo, 18 de abril de 2010
COLUMNA PERSONAL

EL SUICIO DE PHOEBE
La tragedia se ha desatado en un instituto de South Hadley, un pequeño pueblo de Massachysetts, Estados Unidos. Una estudiante se ha suicidado tras haber sido acosada por una organización mafiosa de alumnas que se autodenominan Bad Girls (Chicas malas, en inglés). Los celos parecen haber sido el detonante para la campaña de insultos y amenazas que ha terminado con la vida de Phoebe Prince, la chica nueva del instituo, quien se ha ahorcado en su casa con un pañuelo, regalo de cumpleaños de su hermana menor.
Estamos hartos de ver en la televisión y en el cine ficciones sobre esa extraña etapa de la vida llamada adolescencia, todas ellas enmarcadas en institutos o colegios donde existe una especie de microcosmos en el que se ensaya la vida de adultos de los que, por ahora, no son más que jóvenes atiborrados de hormonas, asustados, desorientados y necesitados, ante todo, de aceptación social.
La razón para este acoso, si es que existe alguna moralmente admisible, era que Phoebe era nueva en el instituto, irlandesa, guapa, y que había estado saliendo con el ex novio de una de las integrantes del grupo Bad Girls. El acoso suele cebarse con los más débiles y los diferentes, los que no encajan con un modelo que el adolescente medio entiende como exitoso. Son blanco de burlas los homosexuales, los que presentan defectos físicos visibles, los alumnos de otras razas, etnias minoritarias y los nuevos. Me pregunto cuántos escritores de éxito, científicos o artistas conocidos eran además estudiantes de reconocido éxito social en su juventud. Me figuro que no muchos.
Este suceso ha ocurrido a miles de kilómetros de España, pero en nuestro país se calcula que alrededor del 3 por ciento de los alumnos sufren el acoso escolar, según una encuesta del Instituto de la Juventud (INJUVE). El problema es que si el ‘bullying’ termina en un delito, en la mayoría de las ocasiones no se puede emprender ninguna acción legal contra los autores del mismo, al ser estos menores de edad. Por otro lado, cuando acciones tan execrables las ejecutan personas tan jóvenes, puede desatarse una seria alarma social.
A estas alturas de la película, lejos de banalizar estas guerras de amor, poder y odio que se desencadenan en nuestros institutos, deberíamos reflexionar sobre los límites que los adultos estamos fijando a nuestros adolescentes. La adolescencia, si por algo se caracteriza, es por la búsqueda de la identidad y los modelos que ofrecemos no pueden limitarse a deportistas de éxito, supermodelos anoréxicas y estrellas de la televisión. Debe haber algo más que motive a nuestros jóvenes a afrontar el cambio de la infancia a la adultez para que esté marcado por pautas de conducta como la solidaridad, la inteligencia y el esfuerzo. Y no se puede señalar la diferencia como algo a derrocar, sino todo lo contrario. Es enriquecedor estar rodeado de diversidad, pues cambiar de opinión es el motor del conocimiento.
Estos comportamientos se han dado siempre en colegios e institutos, pero ahora adoptan matices muy preocupantes, tales como grabar vejaciones y colgarlas en Internet, o incluso como en el caso de Phoboe, celebrar a través de las redes sociales estos delitos. La sociedad tiene que unirse contra estos pequeños delincuentes y enfrentarse a ellos. Si algo debe excluirse es el mal y su raíz.
La tragedia se ha desatado en un instituto de South Hadley, un pequeño pueblo de Massachysetts, Estados Unidos. Una estudiante se ha suicidado tras haber sido acosada por una organización mafiosa de alumnas que se autodenominan Bad Girls (Chicas malas, en inglés). Los celos parecen haber sido el detonante para la campaña de insultos y amenazas que ha terminado con la vida de Phoebe Prince, la chica nueva del instituo, quien se ha ahorcado en su casa con un pañuelo, regalo de cumpleaños de su hermana menor.
Estamos hartos de ver en la televisión y en el cine ficciones sobre esa extraña etapa de la vida llamada adolescencia, todas ellas enmarcadas en institutos o colegios donde existe una especie de microcosmos en el que se ensaya la vida de adultos de los que, por ahora, no son más que jóvenes atiborrados de hormonas, asustados, desorientados y necesitados, ante todo, de aceptación social.
La razón para este acoso, si es que existe alguna moralmente admisible, era que Phoebe era nueva en el instituto, irlandesa, guapa, y que había estado saliendo con el ex novio de una de las integrantes del grupo Bad Girls. El acoso suele cebarse con los más débiles y los diferentes, los que no encajan con un modelo que el adolescente medio entiende como exitoso. Son blanco de burlas los homosexuales, los que presentan defectos físicos visibles, los alumnos de otras razas, etnias minoritarias y los nuevos. Me pregunto cuántos escritores de éxito, científicos o artistas conocidos eran además estudiantes de reconocido éxito social en su juventud. Me figuro que no muchos.
Este suceso ha ocurrido a miles de kilómetros de España, pero en nuestro país se calcula que alrededor del 3 por ciento de los alumnos sufren el acoso escolar, según una encuesta del Instituto de la Juventud (INJUVE). El problema es que si el ‘bullying’ termina en un delito, en la mayoría de las ocasiones no se puede emprender ninguna acción legal contra los autores del mismo, al ser estos menores de edad. Por otro lado, cuando acciones tan execrables las ejecutan personas tan jóvenes, puede desatarse una seria alarma social.
A estas alturas de la película, lejos de banalizar estas guerras de amor, poder y odio que se desencadenan en nuestros institutos, deberíamos reflexionar sobre los límites que los adultos estamos fijando a nuestros adolescentes. La adolescencia, si por algo se caracteriza, es por la búsqueda de la identidad y los modelos que ofrecemos no pueden limitarse a deportistas de éxito, supermodelos anoréxicas y estrellas de la televisión. Debe haber algo más que motive a nuestros jóvenes a afrontar el cambio de la infancia a la adultez para que esté marcado por pautas de conducta como la solidaridad, la inteligencia y el esfuerzo. Y no se puede señalar la diferencia como algo a derrocar, sino todo lo contrario. Es enriquecedor estar rodeado de diversidad, pues cambiar de opinión es el motor del conocimiento.
Estos comportamientos se han dado siempre en colegios e institutos, pero ahora adoptan matices muy preocupantes, tales como grabar vejaciones y colgarlas en Internet, o incluso como en el caso de Phoboe, celebrar a través de las redes sociales estos delitos. La sociedad tiene que unirse contra estos pequeños delincuentes y enfrentarse a ellos. Si algo debe excluirse es el mal y su raíz.
domingo, 11 de abril de 2010
Los jóvenes y el alcohol
Muchos jóvenes viven con problemas relacionados con el alcohol, a pesar de su escaza edad. Las razones de la consumción aumentada son varias y individuales, pero algunas comunes son el deseo de vivir momentos de alegria y sin preocupaciones, formar parte del grupo de amigos, la presión social en ciertas situaciones, el deseo de superar la vergüenza y el querer imitar la vida en el mundo adulto.
Sin embargo, estas razones parecen formar parte de una vida y concepción del mundo que, principalmente, pertenece a la vida del adolescente y el instituto. Aun así, se ha comprobado que la consumción de alcohol supone un problema aumentando también en el mundo universitario. De hecho, el alcohol forma una natural - y a veces destructiva - en la vida del estudiante. En el peor de los casos, ha sido el comienzo de un abuso de toda la vida.
Mi experiencia, como estudiante tanto en mi país de origen y en España como Erasmus, es que, aunque ya hemos cumplido los veinte y deberíamos haber descartado ciertos costumbres destructivos, el alcohol en muchos casos sigue siendo una piedra angular en los tratos sociales - hasta se puede convertir a la llave para entrar en una panda y tener algo que hacer un viernes por la noche.
En total, mucho sigue igual como en el instituto. Asimismo podemos concluir que la tendencia cambia cuando nos toca comenzar a trabajar, fuera del mundo escolar. Cuando empieza la responsabilidad verdaderera, y nos toca asumirla.
Sin embargo, estas razones parecen formar parte de una vida y concepción del mundo que, principalmente, pertenece a la vida del adolescente y el instituto. Aun así, se ha comprobado que la consumción de alcohol supone un problema aumentando también en el mundo universitario. De hecho, el alcohol forma una natural - y a veces destructiva - en la vida del estudiante. En el peor de los casos, ha sido el comienzo de un abuso de toda la vida.
Mi experiencia, como estudiante tanto en mi país de origen y en España como Erasmus, es que, aunque ya hemos cumplido los veinte y deberíamos haber descartado ciertos costumbres destructivos, el alcohol en muchos casos sigue siendo una piedra angular en los tratos sociales - hasta se puede convertir a la llave para entrar en una panda y tener algo que hacer un viernes por la noche.
En total, mucho sigue igual como en el instituto. Asimismo podemos concluir que la tendencia cambia cuando nos toca comenzar a trabajar, fuera del mundo escolar. Cuando empieza la responsabilidad verdaderera, y nos toca asumirla.
EDUCAR EN LA IGUALDAD
Esta semana "El Pais Semanal" publica un artículo es su sección sobre sicología que titula "Educar sin prejuicios". Recomiendo su lectura sobre todo si se tienen hijos o se está pensando en tenerlos, porque explica de forma muy sencilla las secuelas que el comportamiento paterno puede tener en el hijo una vez se convierte este en adulto.
El psicoterapeuta Carl Gustav Yung decía que si se observan comportamientos en el niño que no nos gustan lo primero que debe hacer el padre o la madre es reflexionar sobre si esa actitud no ha sido copiada de el o ella misma y si así es corregirla. En base a este razonamiento el artículo explica lo complicado que resulta pretender criar niños tolerantes, no machistas, no agresivos, si los mensajes no verbales que recibe como hijo son todo lo contrario. Si el niño tiene una madre sumisa que limpia y se dedica a la crianza de los hijos mientras el padre mantiene únicamente una figura de protección, probablemente imitará estos comportamientos en la etapa adulta a no ser que sepa reconocerlos y corregirlos.
Algunas de mis amigas que ya son madres, da la casualidad de que no han realizado estudios superiores, me planteaban su preocupación porque sus hijos estudiasen y tuviesen mejores oportunidades que ellas en el futuro. Y es curioso como culpabilizaban a sus padres de no haber sido un buen ejemplo para ellas. De no haber visto jamás un libro en su casa o no haber recibido nunca como regalo de cumpleaños una buena novela. No sé si el conocer la importante implicación que los referentes adultos tienen sobre los niños ayudará a cambiar de forma radical nuestra sociedad. Me gustaría creer que si pero lo dudo. Aun así lo primero que hice tras escuchar las quejas de mis amigas madres, fue comprarle el libro de Peter Pan a una de ellas, por si acaso.
Hace poco escuchaba en el programa de Onda Cero “Julia en la Onda”, una entrevista a una escritora que había publicado un libro sobre la crianza de los niños. Era sicóloga si no recuerdo mal y hablaba de la maternidad como si fuese una especie de acto sagrado entre madre e hijo en el que el padre quedaba absolutamente excluido y sólo se acudía a el como protector de la díada y proveedor de alimentos. En fin, creo que posturas como estas deberían estar más que cuestionadas. Sin embargo la periodista Julia Otero no hizo ninguna oposición a los argumentos de la escritora. Creo que se malentiende el feminismo en algunas ocasiones. Las mujeres necesitamos de los hombres sobre todo en tareas como la educación de los hijos aunque estos sean muy pequeños. Y no pasa nada por reconocerlo. Tienen un papel fundamental y además sus diferencias nos enriquecen.
El psicoterapeuta Carl Gustav Yung decía que si se observan comportamientos en el niño que no nos gustan lo primero que debe hacer el padre o la madre es reflexionar sobre si esa actitud no ha sido copiada de el o ella misma y si así es corregirla. En base a este razonamiento el artículo explica lo complicado que resulta pretender criar niños tolerantes, no machistas, no agresivos, si los mensajes no verbales que recibe como hijo son todo lo contrario. Si el niño tiene una madre sumisa que limpia y se dedica a la crianza de los hijos mientras el padre mantiene únicamente una figura de protección, probablemente imitará estos comportamientos en la etapa adulta a no ser que sepa reconocerlos y corregirlos.
Algunas de mis amigas que ya son madres, da la casualidad de que no han realizado estudios superiores, me planteaban su preocupación porque sus hijos estudiasen y tuviesen mejores oportunidades que ellas en el futuro. Y es curioso como culpabilizaban a sus padres de no haber sido un buen ejemplo para ellas. De no haber visto jamás un libro en su casa o no haber recibido nunca como regalo de cumpleaños una buena novela. No sé si el conocer la importante implicación que los referentes adultos tienen sobre los niños ayudará a cambiar de forma radical nuestra sociedad. Me gustaría creer que si pero lo dudo. Aun así lo primero que hice tras escuchar las quejas de mis amigas madres, fue comprarle el libro de Peter Pan a una de ellas, por si acaso.
Hace poco escuchaba en el programa de Onda Cero “Julia en la Onda”, una entrevista a una escritora que había publicado un libro sobre la crianza de los niños. Era sicóloga si no recuerdo mal y hablaba de la maternidad como si fuese una especie de acto sagrado entre madre e hijo en el que el padre quedaba absolutamente excluido y sólo se acudía a el como protector de la díada y proveedor de alimentos. En fin, creo que posturas como estas deberían estar más que cuestionadas. Sin embargo la periodista Julia Otero no hizo ninguna oposición a los argumentos de la escritora. Creo que se malentiende el feminismo en algunas ocasiones. Las mujeres necesitamos de los hombres sobre todo en tareas como la educación de los hijos aunque estos sean muy pequeños. Y no pasa nada por reconocerlo. Tienen un papel fundamental y además sus diferencias nos enriquecen.
jueves, 1 de abril de 2010
Insalud mental y las nuevas posibilidades de elegir
En los restaurantes de comida rápida se han aumentado las posibilidades de componer un menu totalmente diseñado para ti, special menue for you my friend. Sin embargo, la amplia gama de posibilidades tiene su lado oscuro: tenemos que elegir si queremos patatas fritas o ensalada, refresco o zumo de naranja, un juguete para un niño o una niña...Las decisiones estresan, y las conversaciones en la cola del McDonald's del barrio se asemejan cada día más a Quién quiere se millonario, pero sin la música estresante en el fondo.
Pero no es qué este es una tendencia que resume la sociedad moderna en general? Las posibilidades de las que gozamos los jovenes nacidos en los 80 y 90 eran mera fantasia para nuestros abuelos. Tenemos todo un menu infinito, como en el restaurante de comida rápida, con diferentes alternativas de qué hacer con el famoso Futuro. Desgraciadamente, también tenemos el mismo momento de estrés que en la hamburguesería.
Según un artículo en el periódico Svenska dagbladet, las diversas posibilidades de elegir en la vida es el malo de la película de la insalud mental entre jóvenes - un problema que ha aumentado drasticamente las últimas décadas. Al parecer, al hombre le cuesta mantenerse a la par que sus progresos técnicos y el nuevo aumentado bienestar del mundo occidental.
Una razón puede ser que la exigencia ha aumentado a medida que lo ha hecho las posibilidades. Hoy en día se aclama más el individualismo y la capacidad de elegir tu propio camino. Esto puede crear estrés, inseguridad y un sentimiento de "no ser lo suficiente bueno", también conocido como "Miss / Mr Perfect Syndrome". Mientras la generación de los abuelos sabían que le tocaba ser agricultor o ama de casa, nuestra generación sabe que también sería (sería) posible hacerse fotomodelo, jugador en el Real Madrid o astronauta. Trata de tomar las decisiones adecuadas, en el tiempo adecuado, en el sitio adecuado. Las posibilidades casi no tiene límites. Eso fascina - y asusta.
Y puede que sea una de las numerosas causas de la insalud mental.
Pero no es qué este es una tendencia que resume la sociedad moderna en general? Las posibilidades de las que gozamos los jovenes nacidos en los 80 y 90 eran mera fantasia para nuestros abuelos. Tenemos todo un menu infinito, como en el restaurante de comida rápida, con diferentes alternativas de qué hacer con el famoso Futuro. Desgraciadamente, también tenemos el mismo momento de estrés que en la hamburguesería.
Según un artículo en el periódico Svenska dagbladet, las diversas posibilidades de elegir en la vida es el malo de la película de la insalud mental entre jóvenes - un problema que ha aumentado drasticamente las últimas décadas. Al parecer, al hombre le cuesta mantenerse a la par que sus progresos técnicos y el nuevo aumentado bienestar del mundo occidental.
Una razón puede ser que la exigencia ha aumentado a medida que lo ha hecho las posibilidades. Hoy en día se aclama más el individualismo y la capacidad de elegir tu propio camino. Esto puede crear estrés, inseguridad y un sentimiento de "no ser lo suficiente bueno", también conocido como "Miss / Mr Perfect Syndrome". Mientras la generación de los abuelos sabían que le tocaba ser agricultor o ama de casa, nuestra generación sabe que también sería (sería) posible hacerse fotomodelo, jugador en el Real Madrid o astronauta. Trata de tomar las decisiones adecuadas, en el tiempo adecuado, en el sitio adecuado. Las posibilidades casi no tiene límites. Eso fascina - y asusta.
Y puede que sea una de las numerosas causas de la insalud mental.
miércoles, 31 de marzo de 2010
SEXY SADIE
Todos hemos oído hablar de los crímenes de la secta satánica de Manson y de la cruel y terrible colaboración que prestó en ellos Susan Atkins (nombrada por Manson com "sexy sadie"). Según iba leyendo la terrible historia de crímenes y violencia de estos degenerados, tenía una extraña sensación de deya vú, como si me sonase todo demasiado. No es que a este caso se le haya dado mucha publicidad los últimos años. De hecho yo la única referencia que he tenido ha sido tras la detención de Roman Polanski el año pasado, cuando la prensa rememoró el triste final de su mujer embarazada a manos de estos criminales. Y también tras la muerte por un tumor cerebral de Atkins. Pero lo curioso es que había muchos nombres como Manson, Sexy Sadie, el valle de la muerte que resonaban en mi cabeza como una musiquilla que hubiese escuchado antes. Y leyendo un artículo en Internet sobre los orígenes de Manson y Atkins, descubro que hay músicos actuales que han utilizado a esta secta y sus correrías para inspirarse al escribir canciones o para diseñar su imagen pública. Es el caso de Marilyn Manson o de los Ramones.
Si uno lee la biografía de estos asesinos está plagada de casos de desarraigo y familias desestructuradas y fanatismo religioso en el caso de Atkins. Infancias de abandonos y abusos y adolescencias marcadas por los crímenes, reformatorios y abuso de drogas. De hecho la droga mas mencionada es el LSD que merece un capítulo a parte en nuestro blog. Pero lo que a mi me ha interesado es averiguar el porqué del atractivo de estas conductas antisociales. La causa de que resulten modelos de rebelión para grupos de música y cantantes como Marilyn Manson (que toma su segundo nombre del lider de la secta) o los Ramones, caracterizados por la transgresión de sus letras.
Si nos adentramos en la biografía de Marilyn Manson, Brian Hugh Warner, descubrimos que su padre era católico y su madre sufría de ataques de paranoia y era de religión episcopaliana. El credo de este cantante es el siguiente:
“Cuando todo el mundo quiere destruirte, todos los días son tu último día y cada actuación puede ser la última. El Anticristo no soy sólo yo. Es un estado mental colectivo del que Estados Unidos necesita que le despierten. Ese es el propósito de esta gira, quizás de mi vida: hacer que los estadounidenses se den cuenta que no tienen que creer en algo sólo porque se lo han estado inculcando toda la vida. No se puede oír a alguien que nunca tuvo sexo o tomó drogas, diciéndote que están mal. Sólo a través de la experiencia cada uno puede determinar su moralidad. Ser humano no es tener que estar buscando constantemente perdón por serlo, sino llevar, como individuo, una existencia libre de culpa. Es lo que siempre ha temido la Iglesia, si olvidas la idea de Dios y crees en ti mismo, el mundo se acaba para los que no creen en el Señor como salvador personal de cada individuo”.
Llama la atención que haya una preocupación por extirpar determinados comportamientos o creencias aprendidas en la infancia, lo que Freud llamaría matar al padre, para empezar de cero sin una mochila llena de culpas con la que no quiere cargar. La religión conduce a mi entender, a este artista al lado opuesto de la balanza. Banaliza el mal porque la excesiva búsqueda del bien puede resultar perversa.
martes, 30 de marzo de 2010
Anna Odell
Una de las personas más renombradas en los medios de comunicación de Suecia en 2009 fue una estudiante de arte en la Escuela Superior de Bellas Artes. Anna Odell se hizo famosa en todo el país al realizar su proyecto de fin de carrera.
El 21 de enero 2009, Odell ingresó en los servicios de urgencias en la clínica psiciátrica en el hospital de S:t Göran en Estocolmo. La habían encontrado en un puente en pleno centro de la ciudad, al parecer psíquicamente enferma y dispuesta a saltarse. Odell pasó una noche en la clínica, donde el personal decidió inmovilizarla con correas en una camilla. Al llegar la mañana, Odell desveló que estaba completamente sana y que los hechos formarían parte de su proyecto de fin de carrera, y fue inmediatamente echada de la clínica. Toda la noche fue grabada, y la obra, Okänd, kvinna 2009-349701 (Mujer desconocida, 2009-349701) fue presentada en la exhibición de la primavera en la Escuela Superior de Bellas Artes. Asimismo, empezó un discusión intensa en todos los medios de comunicación y Odell finalmente se vio condenada a multa por engaño (oredligt förfarande).
La historia de Odell fue el disparo de salida para discusiones sobre la asistencia psiqiátrica en el país, y el tratamiento de sus pacientes. Odell argumenta que hizo lo que hizo justamente para abrir paso a estas discusiones. Las acciones en 2009 eran una reproducción de una situación igual que vivió en 1995, cuando estaba psíquicamente enferma de verdad. La joven Odell consideró que el personal y la superioridad en general no tomó en serio sus sentimientos y deseos. Los hechos en 2009 eran una protesta en contra del tratamiento de ella cuando estaba enferma y, igual que esta vez, fue amarrada con correas a una camilla por haber “sido violenta”. “Cuando eres o has sido enfermo y describes lo que has vivido, la gente tiende a no creer lo que dices”, explica en el periódico Dagens Nyheter. Veía esta como la única manera de abrir el debate del tratamiento de pacientes con enfermedades mentales. La obra era una protesta contra los “exagerados ejercicios de poder y violencia en la asistencia psiquiátrica”.
Mientras tanto, una multitud de gente se ha puesto en su contra, oponiéndose de que haya ocupado espacio y recursos de la clínica – y la sociedad - sin tener necesidades verdaderas. Sin embargo, Odell alcanzó el objetivo de su proyecto. El tratamiento de psíquicamente enfermos fue objeto de debates durante varios meses- y Odell llegó a ser la estudiante más famosa de toda su clase.
La pregunta de si es aceptable recorrer a métodos tan drásticos para hacer observar un problema social sigue sin respuesta, y el tema es emparentado con el derecho de un ciudadeno de obrar desobedencia civil. Pero la pregunta de si era hora de prestar atención a la situación de los psíquicamente enfermos en nuestra sociedad en mi opinión ya tiene una respuesta afirmativa.
El 21 de enero 2009, Odell ingresó en los servicios de urgencias en la clínica psiciátrica en el hospital de S:t Göran en Estocolmo. La habían encontrado en un puente en pleno centro de la ciudad, al parecer psíquicamente enferma y dispuesta a saltarse. Odell pasó una noche en la clínica, donde el personal decidió inmovilizarla con correas en una camilla. Al llegar la mañana, Odell desveló que estaba completamente sana y que los hechos formarían parte de su proyecto de fin de carrera, y fue inmediatamente echada de la clínica. Toda la noche fue grabada, y la obra, Okänd, kvinna 2009-349701 (Mujer desconocida, 2009-349701) fue presentada en la exhibición de la primavera en la Escuela Superior de Bellas Artes. Asimismo, empezó un discusión intensa en todos los medios de comunicación y Odell finalmente se vio condenada a multa por engaño (oredligt förfarande).
La historia de Odell fue el disparo de salida para discusiones sobre la asistencia psiqiátrica en el país, y el tratamiento de sus pacientes. Odell argumenta que hizo lo que hizo justamente para abrir paso a estas discusiones. Las acciones en 2009 eran una reproducción de una situación igual que vivió en 1995, cuando estaba psíquicamente enferma de verdad. La joven Odell consideró que el personal y la superioridad en general no tomó en serio sus sentimientos y deseos. Los hechos en 2009 eran una protesta en contra del tratamiento de ella cuando estaba enferma y, igual que esta vez, fue amarrada con correas a una camilla por haber “sido violenta”. “Cuando eres o has sido enfermo y describes lo que has vivido, la gente tiende a no creer lo que dices”, explica en el periódico Dagens Nyheter. Veía esta como la única manera de abrir el debate del tratamiento de pacientes con enfermedades mentales. La obra era una protesta contra los “exagerados ejercicios de poder y violencia en la asistencia psiquiátrica”.
Mientras tanto, una multitud de gente se ha puesto en su contra, oponiéndose de que haya ocupado espacio y recursos de la clínica – y la sociedad - sin tener necesidades verdaderas. Sin embargo, Odell alcanzó el objetivo de su proyecto. El tratamiento de psíquicamente enfermos fue objeto de debates durante varios meses- y Odell llegó a ser la estudiante más famosa de toda su clase.
La pregunta de si es aceptable recorrer a métodos tan drásticos para hacer observar un problema social sigue sin respuesta, y el tema es emparentado con el derecho de un ciudadeno de obrar desobedencia civil. Pero la pregunta de si era hora de prestar atención a la situación de los psíquicamente enfermos en nuestra sociedad en mi opinión ya tiene una respuesta afirmativa.
sábado, 27 de marzo de 2010
GORILAS EN LA OFICINA

Eduardo Punset, en su libro "El viaje a la felicidad", hablaba de un estudio etológico que se había realizado con gorilas, si no recuerdo mal. Había un determinado gorila en la manada que cuando estaba triste, cuando le caía un coco en la cabeza y se hacía daño o cuando simplemente tenía un mal día, golpeaba a los demás gorilas, les atacaba para superar su frustración o su dolor. Y eso le aliviaba. Punset lo llamaba gorila improductivo porque no aportaba nada bueno, positivo, al resto de la manada. Pues bien, existen seres humanos que tienen este comportamiento. Yo trabajo en un laboratorio y tengo un compañero/a a la que llamaré cariñosamente "Piolín" que padece este trastorno. Es un martirio trabajar con alguien permanentemente alerta, dispuesta a fastidiarte el día. Tiene un problema personal bastante grave y no sé si eso disculpa su actitud o no. Punset dice que hay que sacarlo del grupo. Con los seres humanos es más complicado y aunque intentemos aislarnos de este tipo de personas la empatía hace que te apiades de gente de la únicamente debería huir.
Extasiados

Hay una página en Internet que se llama "Drogopedia" en al que puede encontrarse información sobre determinados estupefacientes y tiene la curiosidad de que el autor, supongo, te describe las sensaciones que ha tenido al experimentar con dicha droga según las dosis. El MDMA o éxtasis es muy peligroso, así que no animo a nadie a consumirlo. Es más voy a tratar de explicar cual es el mecanismo de acción de esta sustancia. Pero si quereís leer algo más sólo sobre los efectos que explica el autor, lo demás es bastante dudoso de creer, redireccionar a:
http://drogopedia.underave.net/. El MDMA deplecciona (vacía completamente) las vesículas de serotonina del cerebro. La serotonina es un neurotransmisor que es vulgarmente conocida como la hormona de la felicidad, porque está relacionada con la sensación de placer, felicidad, bienestar físico, empatía emocional. Por ejemplo cuando alguien se enamora sufre una descarga de serotonina, cuando comemos chocolate o cuando nos besamos. Al tomar MDMA la descarga es muy intensa y al vaciarse la vesícula la sustancia no se reabsorbe, en este caso se elimina. El cuerpo tarde entre tres y cuatro días en reponer la sustancia. Durante este tiempo el sujeto está abatido, deprimido, sin felicidad. El uso de sustancias químicas que llevan a experimentar sensaciones de forma antinatural tuvo su auge durante los años 60 del pasado siglo. En una época marcada por el paso de los viejos valores (racismo, dictaduras, guerra fría, etc.) a otros que la juventud exigía como la paz, el hermanamiento de la humanida o el amor libre. Se buscaron atajos y en realidad se olvidó algo esencial, lo más importante del viaje no es el destino, sino el camino recorrido hasta encontrarlo.
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